Grande es nuestra fe, don precioso otorgado por Dios, el cual hay que pedir constantemente que nos lo aumente.
A través de la fe, podemos CREER en los dos aspectos más importantes que nos hacen ser cristianos, el primero, que Dios se hizo hombre en la persona de Jesús y el segundo, que Jesús padeció, murió y RESUCITÓ para que el ser humano participe de la divinidad, nos hagamos santos con Él, en Él y para Él.
Jesús “es el primero y el último, EL VIVIENTE”, nos lo dice en el Apocalipsis 1,17, “estuve muerto, pero ahora ESTOY VIVO por los siglos de los siglos”, y CREER esto es un GRAN REGALO DE DIOS, ya que para algunas personas es algo inaudito, quizá porque están dominados por un ejercicio predominante del uso del raciocinio, donde la lógica de causa y efecto se pone a prueba; alguien que muere, está muerto, luego entonces, no está vivo; así de simple, y no se levanta a la vida otra vez, es más, no se levanta nunca más y menos para permanecer vivo por toda la eternidad.
Y tal vez podría sonar hasta ofensivo, ya que es un reto a la razón, al sano juicio de los hombres de todos los tiempos; que un muerto resucite, ¡no se puede creer! La muerte es la muerte y ahí termina todo.
El afirmar, “estoy vivo por los siglos de los siglos”, equivale a tener una “VIDA INDESTRUCTIBLE” Hb 7,16, que no acaba nunca… solo esto se da en Jesús Cristo, que es cien por ciento hombre y cien por ciento Dios, “EL QUE VIVE”, “EL VIVIENTE”.
Escuchando, recibiendo, abriéndonos (EFETÁ) a estas palabras – Jesús está vivo – podemos dar testimonio, bendecir, cantar y alabar a Dios con ellas, llenándonos de un inmenso gozo y rebozando nuestro corazón y todo nuestro cuerpo de suma alegría.
Sabiendo hoy, que por la nueva Ley, la Nueva Alianza de Dios con los hombres que está en los corazones de cada uno, por el Espíritu Santo; en estos tiempos en que vivimos, es posible tener “una esperanza mejor, por la cual nos acercamos a Dios” Hb 7,9 en la persona de Jesús Cristo, teniéndolo como “Fiador”, intercesor, mediador, ante el Padre, como el Sumo y Eterno Sacerdote “que está SIEMPRE VIVO para interceder” Hb 7,25 en nuestro favor.
¡Qué alegría tan inmensa!
¡Qué dicha tan profunda!
¡Qué esperanza tan confiada en Jesús Cristo que vino a pagar una deuda tan grande ante Dios Todopoderoso! Y que está siempre VIVO y que su amor por nosotros es INDESTRUCTIBLE.
¡JESÚS ESTÁ VIVO!¡JESÚS ESTÁ VIVO!
Amén, amén, amén.
Colaborador: Sergio Alcaraz