Todo lo que pasa es para el bien de los que aman a Dios (Rm 8,28)

por | Abr 1, 2025 | Esperanza y Fe, Piedad, testimonios

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Hace un año, el 1° de abril de 2024, después de varios años de espera, por fin fue trasplantado del riñón mi hijo Ricardo.  En verdad, fue difícil verlo entrar y salir del hospital por una u otra razón, recuerdo su semblante y su poca energía.

Mientras escuchaba en clases a San Pablo, reflexionaba en que, «Todo lo que pasa es para el bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28), y se encendía la esperanza. Al mismo tiempo, escuchaba también al mismísimo Pablo decir: “El Espíritu mismo intercede con instancia por nosotros con gemidos inexplicables,” (Rm 8,26) Los gemidos del Espíritu no necesitan ser expresados con palabras humanas porque trascienden al orden natural, pero: “(Dios Padre), Él que, escruta los corazones, sí conoce cuál es el deseo, el gusto, la aspiración del Espíritu”, que habita dentro de nosotros. (Rm 8,27)

Por tanto, la oración del Espíritu, que pide siempre lo que Dios quiere, es siempre eficaz y plenamente escuchada, según nos enseña el Padre Carrillo. Recuerdo perfectamente el deseo y las oraciones de mis maestras y compañeras del IPB que me acompañaban en todo momento.

Hoy, he entendido que no importa el tiempo, ni la velocidad, sino la dirección correcta, abrir el corazón a la escucha de La Palabra el Señor, que te está esperando en el Evangelio:

“El Hijo del Hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y Resucitar al tercer día”. (Mc 8,31)

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.” (Mt 16,24; Mc 8,34; Lc 9,23)

Jesús no engaña, su mensaje apunta hacia la Cruz, que es parte de la vida. Recuerdo bien el “Viernes Santo”, el cual pasé tocando las llagas de mi Señor Jesús, absolutamente derrotada, donde le pedía: ¡Un riñón para mi hijo! Al mismo tiempo, abrazaba Yo a nuestra Madre María por su dolor, porque Ella me entendía…  Así, regrese a casa muy cansada, pero llena de paz, con un gran silencio y ya no volví a pedir nada, sólo me enfoque en el seguimiento a la Vigilia Pascual.

El domingo de Resurrección, a las 3:00 a.m. entró una llamada, en la cual le acababan de informar a mi hijo: “¡Ricardo, véngase enseguida, tenemos un riñón para usted! Entonces, recordé… ¡Al tercer día, Resucito! Hoy, puedo ver en mi hijo el rostro del Señor Jesús resucitado y sólo puedo dar gracias, ¡El milagro se hizo!

Señor Jesús, cuánto me has comunicado con tu Palabra, ¡Mira mis deseos, acepta mi voluntad de seguirte cada vez con mayor fidelidad, ayúdame a hacer realidad el sueño de ser mejor una persona, Gracias Señor!

Colaborador: Martha Cristina Hoyo, Alumna del IPB.

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