El 6 de enero de 2026, en la solemnidad de la Epifanía, se cerrará la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, marcando el fin visible del año Jubilar 2025. Pero lo esencial no se cierra. La gracia recibida no se guarda: se siembra.
El paso por la Puerta Santa fue un signo; ahora toca vivir como quienes han cruzado un umbral de misericordia, esperanza y misión.
¿Qué sigue después del Jubileo?
- Encarnar la misericordia recibida
- El Jubileo nos ofreció el don del perdón y la reconciliación. Ahora, el llamado es a convertir esa experiencia en vida.
- “Sed misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36).
- El Jubileo nos ofreció el don del perdón y la reconciliación. Ahora, el llamado es a convertir esa experiencia en vida.
- Caminar con esperanza activa
- El cierre de la Puerta Santa no es un final, sino un envío. La esperanza no es espera pasiva, sino confianza que se mueve.
- “Corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús” (Hb 12,1-2).
- El cierre de la Puerta Santa no es un final, sino un envío. La esperanza no es espera pasiva, sino confianza que se mueve.
- Ser puertas abiertas para otros
- Así como cruzamos una puerta de gracia, ahora somos llamados a ser puertas vivas: accesibles, acogedoras, reconciliadoras.
- “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” (Jn 10,9).
- Así como cruzamos una puerta de gracia, ahora somos llamados a ser puertas vivas: accesibles, acogedoras, reconciliadoras.
- Construir comunidad desde lo cotidiano
- El Jubileo nos recordó que somos un solo cuerpo. Ahora toca cuidar los vínculos, sanar heridas, y practicar la comunión en lo pequeño.
- «Ayúdense mutuamente a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo” (Gál 6,2).
- El Jubileo nos recordó que somos un solo cuerpo. Ahora toca cuidar los vínculos, sanar heridas, y practicar la comunión en lo pequeño.
- Hacer memoria y dar fruto
- El paso por el Jubileo no se olvida: se guarda en el corazón y se transforma en frutos concretos. Es tiempo de nombrar lo vivido, agradecer y compartir.
- “El que permanece en mí, y yo en él, ese da mucho fruto” (Jn 15,5).
- El paso por el Jubileo no se olvida: se guarda en el corazón y se transforma en frutos concretos. Es tiempo de nombrar lo vivido, agradecer y compartir.
La puerta sigue abierta… en el corazón
Aunque la Puerta Santa se cierre, la puerta del corazón de Dios permanece abierta. El Jubileo fue un tiempo extraordinario, pero la vida cristiana es un jubileo cotidiano: cada gesto de perdón, cada acto de justicia, cada palabra de consuelo es una nueva apertura.
“He aquí que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él”
(Apocalipsis 3,20).
¿Qué gracia quieres conservar?
¿Qué misión nace en ti al cerrar esta etapa?
Oración final
Padre bueno, te damos gracias por este Año Santo que nos regalaste.
Gracias por abrirnos la puerta de tu misericordia y por caminar con nosotros en cada paso.
Jesús, Hijo amado, tú eres la Puerta siempre abierta.
Enséñanos a vivir como testigos de tu amor, a perdonar como tú perdonas, y a servir con alegría a quienes nos rodean.
Espíritu Santo, aliento de vida, sopla sobre nosotros y renueva nuestro corazón.
Danos fuerza para seguir adelante, sabiduría para sembrar lo que hemos recibido, y valentía para abrir caminos de esperanza.
Que, aunque se cierre la Puerta Santa, nunca se cierre nuestra fe, nuestra compasión, ni nuestro deseo de caminar contigo.
Amén.
👉 Te invitamos a ver este video del Mensaje del Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México.
