¡MI VIAJE DE RENOVACIÓN!
En el camino de la vida hacemos diversos recorridos que nos van dejando experiencias mezcladas con alegría, conocimiento, sufrimiento, angustia, enfermedad o dolor, por mencionar algunas; trayectos que pueden ser acompañados por alguien especial, ya sea un familiar, un amigo o un maestro.
¿Acaso tú no has sentido esa presencia que te acompaña en todo momento sin darte cuenta? ¿O no te ha pasado que escuchas una voz lejana y, a la vez, cercana, tal vez confusa, por lo que decides seguir avanzando sin dar importancia a lo que quiere de ti? ¿Qué pasaría si, por un momento en la vida, decidieras acercarte y escuchar esa voz que resuena una y otra vez?
Para mí, llegó el momento como una suave brisa y dulce consuelo en medio de una tempestad. Reconocí una presencia que siempre ha estado aquí, guiándome, cuidándome, amándome y acompañándome para recordarme que soy criatura hecha por sus manos. Él me reconoce como fruto de su amor, y así fue como tuve mi encuentro con Dios. ¡Sí, estoy aquí es porque mi Padre celestial me dio la vida y me llamó a ser hija suya!
«Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.»
(Rm 8, 14)
Ahora estoy convencida de la manera en que su Palabra me guía. Sé que me enseña y me recuerda lo que debo hacer; refuerza mi deseo de seguirlo, de amarlo, de servirle y de dar testimonio de que Jesucristo murió por nosotros para salvarnos y liberarnos de la muerte espiritual en la que muchas veces nos encontramos.
«El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho.»
(Jn 14, 26)

Por este maravilloso viaje sé que debo llegar a la meta que me he propuesto. Sé que sola no puedo, pero también sé que Jesucristo, nuestro Señor, en el cumplimiento de su misión, me dejó la Promesa que recibió del Padre: el Espíritu Santo, que me guía y me enseña todo cuanto Él nos ha dicho.
Recordemos que el Espíritu Santo nos asiste constantemente con sus dones y carismas, tanto como bautizados, como Iglesia y en cada uno de los ministerios que nos confía.
«Todos quedaron llenos del Espíritu Santo…»
(Hch 2, 4)
Y es precisamente este Espíritu quien continúa conduciendo nuestra vida y nuestra misión, guiándonos hacia la plenitud de la verdad y fortaleciendo nuestro compromiso como discípulos de Jesucristo.
«Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os explicará lo que ha de venir.»
(Jn 16, 12-13)
ORACIÓN
Señor Jesús:
Yo te pido que derrames sobre mí tu Santo Espíritu.
Según tu misión, bautízame con el Espíritu Santo.
Y tú, Espíritu de Dios, ven a mí; ¡hazme santo!
Lléname de tu presencia santificadora y pon en mí aquellos carismas que necesito para vivir como hijo de Dios y realizar la misión que Él me ha señalado.
